- municipio:
Boltaña
- Tipo:
Castillo
- estado:
Ruinas
- Cronología:
XII
- Ubicación:
En un cerro sobre el municipio
- Catalogación:
BIC
- Propiedad:
Pública
Historia:
Villa sobrarbense ribereña del río Ara, a 643 m de altitud. Tradicionalmente se identifica a Boltaña con la antigua Boletum debido a los hallazgos romanos desperdiga dos entre la Faja del Prior y la orilla del río que remontan su historia al s. I a C. En época hispanovisigoda llegó a disponer de ceca propia con Gundemaro (610-612). Parece que los musulmanes la convirtieron en capital de la antigua Terra Boletana, ciudad "fuerte, bonita y bien abastecida", según al-Razi. Entre sus gobernadores militares, son conocidos Musa -940- y Amrús ibn Muhammad (899-918). Aún así hay dudas razonables para verificar esta ocupación, especialmente la ausencia arqueológica de filiación musulmana. Sin embargo otros restos superficiales de cerámica clara cristiana, frecuentes desde las últimas viviendas de Boltaña hasta la explanada del castillo, creemos manifiestan una ocupación por lo menos del s. X. Como muy tarde la incorporación definitiva de Boltaña al mundo cristiano se efectuó en época de Sancho el Mayor, aunque lo normal es que ocurriera con anterioridad.
Las citas documentales sobre este castro datan del primer tercio del siglo XI. En 1014 se menciona como señor a Sancho Galin Sane, pero es un documento copiado o rehecho en fechas más tardías. A partir de 1028 y 1030 se nombra a Gimeno Garcés, señor en Sos y Boltaña. Más tarde Sancho Galíndez (1036-1082), registrándose algunos más hasta 1184.
Descripción:
El castillo trepa hasta la cima de la colina donde se escalona, a media ladera, el casco urbano de la población. Lo componen torre y recinto, armados con sillarejo estrecho y largo escuadrado a maza, colocado por tiradas de cierta uniformidad que también incluyen piezas más gruesas y abundantes lajas de canto. Las cantoneras apenas destacan en tamaño, acaso en el tramo de arranque, y el relleno de muros sigue casi la horizontalidad de las hiladas. El espesor de los paramentos varía entre 1,60 y 1,90 m para el recinto, grosor que disminuye conforme sube. En los lugares donde no se ha erosionado la argamasa de unión se distinguen las juntas repasadas con paleta, por ejemplo en la puerta, aspillera del este y muros interiores de la cisterna.
Torre y recinto se amoldan al perímetro del peñasco, más estrecho en el extremo septentrional, con una longitud de 49 m y anchura de 14 a 26,40 m. El recinto es de línea irregular, cercando unos 660 metros cuadrados. Los muros se hallan en estado desigual, al oeste muy perdidos, y al sur y este con gran desarrollo -unos 6 m de altura-.
Poco más al sur se halla una ventanita aspillerada con arco semicircular de regulares dovelas sobre dintel y tímpano relleno. Es de perfil rectangular con salida estrecha típica de las saeteras. Hay otra aspillera apuntando al sur de igual patrón, exceptuando el arco de descarga. Su gran embocadura interior mide 1,06 por 0,78 m, derramando ligeramente el antepecho. Había tres más, según dibujó Roberto Puyo de Columa en 1887. En la larga cortina del este mechinales y un retranqueo continuo indican que los habitantes del castillo tendieron un paso de ronda de madera semejante al de Abizanda, con la ayuda probablemente de pies derechos.
En la punta norte, la más abrupta, se acopla la torre, externamente de forma hexagonal irregular, adap tándose a la topografía que la modela. Ha perdido estatura, como puede verse en una fotografía de Luden Briet, pero en su maciza panza plantaron el aljibe, de unos 19 m^ de superficie y por lo menos 3,71 m de altura, más lo que se prolongue bajo los derrubios del fondo. El aparejo está trabado con grueso tendel, pero no se enfoscó toda la superficie como hemos visto en otras cisternas. Ya hemos dicho que las juntas están marcadas por líneas incisas, como en la torre y recinto de Abizanda, y torres de Samitier y Troncedo. El hueco está cubierto con bóveda transversal, perforada por vano cenital centrado de 0,53 por 0,60 m. La entrada es angosta, 1,30 por 0,47 m, con la caja de la escalera a mediodía, sumergida en el espesor del muro. En el lado este, en alto, es visible una salida rectangular de 8 por 14 cm, previsiblemente el final de la conducción intramural canalizadora del agua de lluvia caída en la desaparecida terraza que cubrió la torre, fuente de captación.
Según Esteban el castillo es consecuencia de dos fases constructivas. Hacia 1017 se elevaría la torre y tramos iniciales de muralla del este y oeste, y entre 1045-1060 se amplía el tramo de la puerta y paramento sur. Nosotros creemos que el aparejo de Boltaña en cuanto a tipo de material y colocación es igual al de la torre de Abizanda, donde se perciben piezas e hiladas de diferente tamaño y estrechas lajas de canto, amén del repaso a las juntas con clavo o paleta.
La puerta con arco doblado abierta en el recinto, remite al mismo hueco de entrada en la cerca superior de Loarre y torre de Abizanda, pero en la muralla de Boltaña no hay aspilleras para verter líquidos. Creemos que su construcción está muy cerca cronológicamente de la segunda fase de Loarre, y puede que del recrecimiento de la torre de Abizanda. Philippe Araguás da un abanico comprendido entre 1040-1070, pareciendo acorde la primera fecha para el poblamiento más importante de Sobrarbe por esas calendas.
Recinto y torre de Boltaña han de ser obras realizadas íntegramente por las mismas manos. No posee la calidad técnica de la torre de Abizanda, pero ambos son los únicos castillos de Sobrarbe con cerramiento integral y rasgos decorativos comunes promocionados seguramente por Ramiro I, como la ampliación de Loarre. Así, Boltaña y Abizanda están entre las primeras fortalezas cristianas sobrarbenses de obra sólida. Boltaña enlaza visualmente con Silves, Espierlo, Morcat, Guaso y Buil.
Texto de Adolfo Castán


