- municipio:
Borja
- Tipo:
Castillo
- estado:
Ruinas
- Cronología:
XI
- Ubicación:
En la parte alta de la ciudad
- Catalogación:
BIC
- Propiedad:
Pública

Historia:
Borja, junto con Magallón y Anón era uno de los tres recintos murados del valle del Huecha. Su posición es sin duda de una importancia vital para la defensa del reino de Aragón, hasta el punto de que cuando en la guerra de los Pedros cayeron Borja y Tarazona ya se daba por perdido el Reino de Aragón.
No es arriesgado asegurar que la zona del Castillo fue aprovechada por los celtíberos de los cuales, si bien no hemos podido identificar restos inmuebles, hay evidencias de cerámicas y algunos otros objetos que se mimetizan con los encontrados en el contiguo recinto de la ciudad indígena de Bursau. Lo mismo ocurre para las épocas romanas e hispano-visigodas.
El topónimo Borja procede del árabe y significa "la torre" o la fortaleza, en referencia a la imponente fortaleza de la que se conservan importantes restos de sus murallas islámicas. Desde aquí, los Banu-Qasi, una familia de muladíes borjanos, dominó una amplia zona durante el siglo IX, llegando a enfrentarse abiertamente a los emires cordoboses.
Al igual que la mayoría de las poblaciones del Valle del Ebro, Borja es ocupada rápidamente por los musulmanes. No hubo resistencia, pues el conde Casius, que dominaba la zona, se convirtió al Islam. Con esta conversión poseían los mismos derechos que las musulmanas, debiendo pagar solamente los tributos ordinarios. Desde este momento quedó incluida dentro de la Marca Superior y su historia se desarrollará en un clima pacífico, sólo roto por los enfrentamientos habidos entre los propios musulmanes contra los emires cordobeses, de los que dependían.
Dichos enfrentamientos comenzaron ya con Abd ar-Rahman I, pero fue en tiempos de Abd ar-Rahman II (822-852) cuando Borja intervino en ellos. La causa fue que Musa, de la prepotente familia de los Banu Qasi establecida en Zaragoza y sus entornos (Borja entre ellos), fue hostigado por las tropas del emir, al que había abandonado, cerca de Borja. La plaza continuó en poder de los Banu Qasi, hasta que el gobernador de Zaragoza la atacó.
Musa vuelve a enfrentarse con el emir, hacia el 850, y en sus correrías devastó Borja y Tarazona. Estas rebeliones cesaron cuando el citado Musa fue nombrado gobernador de Zaragoza.
Continúan las insurrecciones de los Banu Qasi, y en el 878 las tropas de Muhammad I arrasan Borja y las zonas cercanas.
Hacia el año 900, y a la muerte de Muhammad ibn Lubb de los Banu Qasi, Alfonso III el Magno decidió usurpar las tierras de la gran familia, atacando nuevamente Borja; rápidamente las cosas volvieron a su cauce, al ser repelidas las tropas cristianas.
Desde que comenzara el declive de los Banu Qasi las rebe¬liones fueron decayendo, hasta el 933. En este año los nuevos gobernadores de la Marca Superior, que pertenecían a las familias Banü Sabrit y Tuyibíes, se alzan contra el califa de Córdoba Ahd ar-Rahman III; la respuesta no se hizo esperar y el califa llegó con sus tropas hasta la Marca Superior, ocupando, entre otras, Tudela, Tarazona y Borja , que fueron devueltas una vez que el gobernador de Zaragoza le prometió obediencia.
Ya no habrá más escaramuzas entre los gobernadores y el califato, puesto que éste ha desaparecido estableciéndose los reinos de Taifas.
La llegada de los almorávides, en 1110, no tuvo gran repercusión en Borja, pues su dominio abarcó un período de tiempo muy corto.
Estos cuatrocientos años supusieron para Borja una etapa de su Historia muy importante, ya que, y entre todas las cosas, sus tierras adquirieron una mayor rentabilidad al canalizarse el Huecha y crearse acequias y sistemas de riego.
Mientras que la plaza musulmana de Borja formaba parte de una red defensiva/ofensiva trazada de este a oeste: la Marca Superior; con el paso a manos aragonesas hacia 1120, Borja pasa a conformar, junto a muchos otros castillos, torres, ciudadelas, etc., una trama militar diseñada de norte a sur, pues ahora Borja queda en la frontera entre tres reinos cristianos: Aragón, Castilla y Navarra, lo que va a suponer una multiplicación importante de su valor estratégico, prueba de ello es que este castillo y villa, junto con Magallón, permanecerán casi siempre bajo el control directo de la monarquía aragonesa.


