• municipio:

    Loarre

  • Tipo:

    Castillo

  • estado:

    Uso Turístico

  • Cronología:

    XI

  • Ubicación:

    A 4 Km. del municipio

  • Catalogación:

    BIC

  • Propiedad:

    Pública

Vista aérea  Castillo y muralla  Vista desde la carretera  Cuerpo principal  Entrada al castillo  Torre Albarrana  Torre del Homenaje  Castillo vista posterior  Adarve del castillo  Torre del Homenaje 2  Patio de Armas 2  Patio de Armas 1  Interior castillo  Ventanales  Iglesia  Cúpula de la Iglesia    Puerta de iglesia  
   Dibujo de Teodoro Pérez Bordetas  
Vista aérea

Indice de Contenidos
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Tras la tenencia por Sancho Juanes, las dos tenencias de Loarre y Bolea fueron separadas, figurando como tenente de la primera, desde 1134 hasta 1140, Lope Fortuñones. El último de los tenentes conocidos de Loarre es Jimeno de Artusella, señor también de Bolea.

El mismo Pedro II había empeñado los castillos y villas de Loarre y Bolea a Pedro de Ahones, hermano del obispo de Zaragoza y conde de Ampurias. Durante las pendencias de los primeros años del reinado de Jaime I el Conquistador, Pedro de Ahones se opuso al rey, con quien llegó a luchar cuerpo a cuerpo en Burbáguena.

Loarre volvió a la corona en la persona del rey Jaime I, el cual en 1263 cedió la tenencia del castillo a los frailes sanjuanistas, hasta que en el año 1285, el rey Pedro III en guerra contra los franceses, ordenó a fray Galcerán de Timor que entregase el castillo de Loarre al abad Fernando de Montearagón.

A lo largo del siglo XIV el castillo de Loarre pasa fácilmente de unas manos a otras según la política de la corte real que se sirve de la fortaleza y de la villa para buscar soluciones a conflictos económicos.

Pedro IV vendió por 12.000 sueldos jaqueses el castillo y villa de Loarre a Pedro Jordán de Urriés y a la esposa de éste. La recuperación de Loarre por la Corona no pudo realizarse hasta 1381, gracias a los propios vecinos de la villa a cambio de la remisión de ciertos tributos por parte del rey. Una vez más los apuros económicos, en este caso motivados por la guerra de Italia, hicieron que Martín I vendiera el castillo, la villa y las aldeas de Loarre (Novalla, Santa Engracia y Javierra) a Ramón de Mur. Antes de que pudiera recuperarse Loarre, murió sin sucesión el rey Martín I, iniciándose el largo interregno que terminó en el Compromiso de Caspe.

Loarre centró la rebelión encabezada por Jaime de Urgel contra las decisiones del Compromiso de Caspe. El jefe de los partidarios aragoneses del conde Jaime de Urgell, Antón de Luna, mantuvo su rebeldía, aun después del Compromiso, desde las fortalezas de Loarre, Bolea, Marcuello, La Peña y Biniés con tropas francesas e inglesas reclutadas en Gascuña. Antón de Luna residió en Loarre a la espera de la decisión de los compromisarios de Caspe. Y al pronunciarse éstos contra las pretensiones de Jaime de Urgell, decidió continuar apoyándole con el empleo de la fuerza, al tiempo que el pretendiente se fortificaba en la ciudad de Balaguer.

Fernando I intentó que los habitantes de Loarre cesasen en su rebeldía. Obtenida una respuesta negativa, el castillo fue sitiado por Juan Delgadillo, el cual tuvo que levantar el cerco ante la llegada de Antón con un contingente de soldados ingleses. Poco después, el 11 de agosto, se rindieron los urgellistas establecidos en el castillo de Montearagón. Y el 31 de octubre el propio conde Jaime de Urgell dejó de resistir en Balaguer.
A fines de septiembre Antón de Luna huyó a Navarra, y la defensa del castillo de Loarre fue encomendada a su prima, y al parecer amante, Doña Violante de Luna, la última Urgellista de Aragón, que no se rindió hasta unos tres meses después de la rendición de Balaguer. Era esta intrépida mujer abadesa del monasterio de Trasovares, del que se fugó en escandalosa secularización. Ello dio motivo a que su tío, el papa Benedicto XIII, suprimiera el cenobio femenino.

Recuperado el castillo de Loarre tras la derrota de doña Violante, fue donado en feudo por Alfonso V a su hermano, el infante Juan. No obstante, el mismo monarca, después de la conquista de Nápoles y para recompensar los servicios prestados por Antonio de Luna,  donó a este la baronía de la villa y castillo de Loarre. Poco después Antonio de Luna vendió la baronía a Felipe y Juan de Urriés con pacto de retroventa, es decir, en el buen entendido de que si devolvía la cantidad pagada, villa y castillo retornarían a su propiedad en baronía.

Juan II, por fín, incorporó definitivamente a la corona, en 1468, el castillo y la villa de Loarre. En adelante la célebre fortaleza, gobernada por un alcaide nombrado por el rey, pasa desapercibida en la historia aragonesa, hasta nuestros días, registrándose sólo una fugaz estancia de las tropas reales en la Guerra de Sucesión y su esporádica utilización por algunas partidas de guerrilleros durante la de la Independencia.

Es importante el culto tributado por Loarre a las reliquias de san Demetrio, guardadas aún hoy en una bella arqueta románica,  que se encuentra en la parte inferior del retablo del santo en su capilla actual. Son las reliquias del procónsul Demetrio, martirizado en Tesalónica el 303, bajo el emperador Maximiano y cuya fiesta se celebra el 8 de octubre. La arqueta románica está encerrada dentro de una urna de cristal hecha en 1780>