- municipio:
Loarre
- Tipo:
Castillo
- estado:
Uso Turístico
- Cronología:
XI
- Ubicación:
A 4 Km. del municipio
- Catalogación:
BIC
- Propiedad:
Pública

Historia:
Estamos ante el mejor y más importante castillo románico de toda la Península Ibérica. Asentamiento de origen ibérico y después punto estratégico romano, mientras que de la dominación musulmana poco se conoce, si bien se supone que en los siglos IX y X, Loarre sería una población mozárabe sujeta a Bolea, la más importante plaza musulmana de la Sotonera, que se convertiría en el principal rival del posterior castillo de Loarre, y que sería la plaza más fuerte de los musulmanes en la zona, aguantando tras la caída de Huesca.
Loarre fue incorporado al reino de Sancho el Mayor, constituyendo un valioso enclave, pronto fortificado frente a la Sotonera totalmente musulmana y frente a la poderosa fortaleza de Bolea. Está segura la existencia del castillo de Loarre durante el reinado de Sancho el Mayor gracias al único documento que se ha conservado original de la cancillería del rey navarro. Se guarda en el Archivo de la Catedral de Huesca y se refiere a la donación de las villas altoaragonesas de Centenero y Salamañana (hoy pardinas, cerca de Anzánigo), hecha por aquel monarca a favor del influyente conde Sancho Galíndez procedente de la Garcipollera, con fecha de 14 de abril de 1035.
Cuando murió el rey Sancho el Mayor de Navarra y sus dominios fueron repartidos entre sus cuatro hijos, correspondió a Ramiro I el reino de Aragón y al hermano de éste, Gonzalo, el de Sobrarbe-Ribagorza. Loarre fue siempre de la jurisdicción de Ramiro I. Durante el reinado de Ramiro I, la tenencia de la fortificación fue ejercida por Fortuño Aznárez, citado en documentos del año 1046, y por Lope Garcés. En este período debió de ser de capital importancia el papel desempeñado por el castillo de Loarre, cuando en 1057-1058 el rey Ramiro I intentó, sin suerte, conquistar la plaza de Bolea con la complicidad de algunos mozárabes y de algunos moros de la Sotonera y de la Hoya de Huesca. Sin embargo, la fortaleza de Loarre no sufrió daños, creándose la conocida rivalidad entre las dos fortalezas.
El sucesor de Ramiro I, el rey Sancho Ramírez, revitalizó la fortaleza de Loarre, uniendo a su función militar una misión religiosa, mediante la fundación de un monasterio de canónigos regulares de San Agustín.
Fue nuevamente Loarre base estratégica para un nuevo intento de toma de Bolea, en 1083, la plaza fue conquistada, pero el rey Sancho Ramírez no pudo retenerla y la perdió al poco tiempo.
El tenente entre los años 1091 y 1114 fue Fortuño López, que debió de desempeñar un papel muy importante en la segunda y definitiva conquista de Bolea que, después de la conquista de la Hoya de Huesca y completamente aislada, permanecía fiel a Mostaín II, rey moro de Zaragoza. El ejército de Pedro I, partiendo de Loarre, Marcuello, Ayerbe, Aniés y Huesca, atacó Bolea en el mes de septiembre de 1101. Los moros de Zaragoza, al tener noticia del ataque, enviaron una expedición de auxilio que presentó batalla a los aragoneses en las proximidades de Bolea en octubre. Vencieron éstos y Bolea tuvo que rendirse, siendo confiada la tenencia de su castillo al señor de Loarre, Fortuño López.
Dentro del marco de la reforma gregoriana, se procedió a la fundación de un nuevo monasterio de canónigos regulares en el castillo de Loarre.
El monasterio de San Pedro de Loarre fue fundado por el infante García de acuerdo con su hermano, el rey Sancho Ramírez. El monasterio de Loarre, superaba en mucho las construcciones del monasterio de San Juan de la Peña, y las de la abadía de Montearagón. El reino de Aragón no había conocido más que iglesias pequeñas, muy reducidas. La obra de la canónica de Loarre, pues, en su grandiosidad, no tenía precedentes en el país.
Tras la fundación del monasterio agustiniano de Montearagón, el castillo de Loarre volvió al brazo secular y a la corona aragonesa, que siguió confiando su tenencia a los señores. Conocimos ya anteriormente al tenente del castillo de 1091 a 1114, Fortuño López, a quien fue encomendada también la tenencia del de Bolea a raíz de la conquista de esta villa. El siguiente tenente fue Pere Petit, de procedencia franca, que moriría en la batalla de Fraga en 1134, al igual que el rey Alfonso I “el Batallador”.


