- municipio:
Daroca
- Tipo:
Recinto Amurallado
- estado:
Buen Estado
- Cronología:
XI-XIV
- Ubicación:
En el municipio
- Catalogación:
BIC
- Propiedad:

Historia:
Denominada por los musulmanes como Calat Daruqa, se establecieron en ella los Tuchibíes, originarios del Yemen (Arabia del Sur). En las crónicas de al-Razí y de al-Udrí figura como una de las fortalezas principales del distrito de Calatayud, que era uno de los que integraban la llamada Marca Superior, y al-Himyarí nos informa de albergar Daroca una población importante. Las recientes publicaciones de Fernando de la Granja y de María Jesús Viguera nos han reconstruido los hechos históricos acaecidos durante la época musulmana en Aragón, y de dichos trabajos extraemos los referentes a las vicisitudes bélicas que sufrió Daroca, pues las fortificaciones fueron la respuesta lógica a tales hechos.
Su historia nos es conocida desde el siglo IX, cuando el emir cordobés Muhammad I, para contrapesar el excesivo poderío de los Banu Casi en la cuenca del Ebro, autorizó a Abderramán ibn Abd-al-Aziz el Tuchibí, a poner guarnición en los castillos de Calatayud y Daroca, que se apresuró a restaurar (862), instalándose él en la primera y dejando a su hijo Abd-al-Aziz en sus dominios patrimoniales de la segunda. A éste le sucedió en Daroca su hijo Yunus (años 886-888), que tras larga etapa de fidelidad a Córdoba, secundó la rebelión de sus parientes Mayores los Tuchibíes de Zaragoza y Calatayud contra el califa Abderramán III, siendo ejecutado después de la rendición de Calatayud (937), a donde él había acudido. Otro Tuchibí, Hakam ibn Mundir, le sucedió en el gobierno de Daroca, que recibió a poco también el de Calatayud (940). Muerto en el 950, gobernaron sucesivamente Daroca sus hijos al-Así (hasta 972) y Abd al-Aziz (975), que fortificó la zona por orden del califa Alhakam II, con el fin de prevenir la posible amenaza derivada de la ofensiva del Conde de Castilla por tierras sorianas. En 1005-1006, Hassim gobernaba Daroca. Y a esta familia Tuchibí, aclimatada en Daroca, pertenecieron los dos primeros reyes de la Taifa de Zaragoza (1018-1038), organizada al desmembrarse el Califato, hasta que fueron destronados por los Banu Hud, también de origen yemenita.
Daroca contempló el paso de las mesnadas del Cid en su marcha hacia Valencia, pero su reconquista fue una de las muchas empresas de Alfonso I el Batallador (1122), que se adueñó del reino musulmán de Zaragoza. Según Zurita, era Daroca «lugar muy principal en aquella ribera (del Jiloca) dentro de los límites de la Celtiberia, que tenía un castillo fortísimo y la principal fuerza en aquella frontera contra el reino de Valencia y contra los moros de Molina y Cuenca, y de grande importancia». Advertimos el término «fuerza», bastante privativo de Aragón y Cataluña medievales, que se refería al recinto amurallado situado en la parte alta de las poblaciones para refugio de los vecinos en situaciones azarosas.
Durante medio siglo después de la reconquista, fue Daroca la principal plaza fuerte, avanzada hacia el sur, de los reyes de Aragón contra los musulmanes. Alejados éstos, Daroca continuaría su misión de fortaleza durante tres siglos, pero ahora dirigida hacia el oeste, contra el reino de Castilla, cuya frontera discurría sólo a 25 kilómetros. En 1142, el príncipe gobernador Ramón Berenguer IV concedió a Daroca su célebre Fuero, por el cual se le instituía cabeza de una extensa comunidad de unas 117 aldeas --inspirada en la de Calatayud--, la cual, de modo democrático, cuidaba de defender los numerosos castillos que encerraba en su enorme término, que comprendía la mayor parte de la cuenca del Jiloca y otros distritos en la del Huerva, incluso Cariñena. No debió tener efectividad la donación de Daroca a los caballeros sanjuanistas por parte de Ramón Berenguer en 1143. Los reyes de Aragón, siguiendo la tradición, situaron en Daroca un «tenente» para cuidar de su defensa; institución que nos es bien conocida por el exhaustivo trabajo de recopilación elaborado por Agustín Ubieto. Conocemos en Daroca los nombres de Fortún Cajal (1122-1134), que era hermano de Teresa Cajal, la madre de Pedro Taresa, Señor de Borja; Sancho Iñiguez (1146-1159); García Fortuñones (1147); Pedro de Arazuri (1169-1176); Bernando de Santa Cruz (1175); Pedro Ruiz de Azagra, primer soberano independiente de Albarracín (1177-1178); Miguel de Santa Cruz (1178-1182), el Conde Arnaldo Mir de Pallars (1183); Sancho de Orta (1184); García Pérez (1185); Ximeno de Urrea (1185); Fernán Ruiz de Azagra (1187-1196), el poderoso segundo soberano independiente de Albarracín, lo cual no era obstáculo para que Alfonso II premiara su lealtad con la tenencia de las principales plazas de la frontera occidental.
Desde el siglo XIII, los reyes de Aragón mantuvieron más centralizada la defensa de sus fortalezas. En Daroca nombraban alcaides para el castillo Mayor y el de la Judería o de San Jorge; además la torre del An-dador (no identificada) estaba encomendada al «judez» de la ciudad que percibía mil sueldos por defenderla, según documento del año 1297. En 1255 era alcaide Alvar Pérez de Azagra, cuarto soberano de Albarracín, con carácter vitalicio por excepción. En 1284 lo era García Garcés de Arazuri, que desde 1296 fue justicia de la villa, y en 1300 fue alcayde vitalicio. En 1287, los nobles de la Unión exigieron a Alfonso III tener en rehe-nes dieciséis fortalezas, entre ellas, Daroca; al año siguiente la tenía Juan Bernaldo como alcaide nombrado por los unionistas, según Zurita. En 1291 fue uno de los castillos entregados en rehenes a la infanta castellana Isabel, prometida de Jaime JI, siendo devuelto al no celebrarse la boda. En 1296 era alcaide Lope Ferrench de Luna, por 1.500 sueldos que pagaban los judíos, más otros 2.040 de salario, pero cuatro años después, Jaime II le obligó a entregarlo al citado García G. de Arazuri, lo que nos revela la fuerte autoridad regia sobre las fortalezas. En 1303, Jaime decidió que el alcaide del castillo Mayor se eligiera entre los tres o cuatro hombres buenos que la villa debía proponerle. Bajo su reinado conocemos también a los alcaides Sancho García de Sec (1315), Sancho García de Foces (1322) y Sancho Pérez de Azlor (1324-1327). En los nombramientos siempre figuraba la cláusula de los haberes a cargo de los judíos.
Daroca conoció días agitados durante el largo reinado de Pedro IV. En 1337 era alcaide Pedro Novés de Vera, y los judíos se quejaron de que el canciller Pedro Rodríguez de Azagra les obligara a reparar el castillo de la Judería, consiguiendo que el rey les diera la razón. En 1348 se registran las alcaidías de Pedro Zapata, Lope de Sessé y Pedro López Garlón, y siéndolo éste, los nobles de la Unión exigieron al rey la entrega de veinte fortalezas, entre ellas Daroca, en donde se fortificó Lope de Luna antes de pasarse al partido real. Pedro IV logró el apoyo de la Comunidad de aldeas darocenses y envió contra aquellos a su fiel Pedro Ruiz de Azagra, señor de Villafeliche. Durante la gran invasión castellana, Daroca y su Comunidad se portaron leal y valientemente, y aquélla fue la única plaza importante de la zona occidental que no pudo conquistar Pedro I el Cruel a pesar del asedio (1363). En 1366, Pedro IV la recompensó con el titulo de ciudad y con el honorífico «Porta Férrea Aragoniae». Las fortificaciones fueron perfeccionadas y en 1386 se fijaron los honorarios del alcaide del castillo Mayor: 6.000 sueldos jaqueses en tiempo de guerra y 3.000 en tiempo de paz, de los cuales la Comunidad pagaba respectivamente 5.200 y 2.000, y el resto, los judíos. En 1366 era alcaide Pedro Martínez de la Torre; en 1370, Domingo Martínez del Villar lo era del castillo de la Judería, y dos años después, del castillo Mayor hasta 1387, en que fue nombrado Guillermo de Copons, que permaneció diez años. En 1398 lo era Luis de Rajadell.
La tradición guerrera de Daroca, con sus espléndidas fortificaciones, se reanudó con hechos de armas durante las guerras de sucesión, de la Independencia y carlistas. En la primera de estas últimas, Cabrera sor-prendió la plaza (1836), de donde fue expulsado por el general isabelino Oraá al año siguiente. En la segunda, el comandante carlista Pascual Gamundi también se apoderó de Daroca, apresando al coronel Sancho y a la guarnición.


