• municipio:

    Samitier

  • Tipo:

    Castillo

  • estado:

    Ruinas

  • Cronología:

    XII-XIV

  • Ubicación:

    En el municipio

  • Catalogación:

    BIC

  • Propiedad:

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Historia:

Lugar de Sobrarbe situado a 747 m de altitud, integrado en el municipio de La Fueva. Comunicación por la carretera que une Barbastro y Aínsa. Desde la localidad sube una mala pista hasta el castillo, pero si no se dispone de todo terreno es preciso caminar unos tres cuartos de hora.
El singular conjunto religioso militar de Samitier lo componen una torre hexagonal, corto recinto murado, iglesia basilical y torre óptica alejada al sur. Es de origen medieval y fue levantado en el s. XI. Por la trascendencia de sus elementos castrenses, la monumentalidad del templo y los escalofriantes riscos que lo elevan hacia el cielo, es uno de los parajes encastillados más sobresalientes de la provincia.
Buscando seguridad, lo construyeron gentes que vivían en la misma arista, pero algo más al sur, y en el sector donde ahora se rinde culto a Santa Waldesca, pues alrededor de la ermita enterraron a sus muertos en cistas de losa gris.
Para ubicar el conjunto se buscó una estrecha y afilada cresta calcárea cortada al norte y este por colosales acantilados, empinadísima pendiente al oeste y mejor camino por el sur. Por tanto en función de la topografía, se colo có la torre al norte, breve muralla al oeste y la iglesia cerrando al sur, con clara función militar agregada a la religiosa.
El primer documento que hace referencia a Samitier es de 1055, perteneciente a la cancillería de Ramiro I, aunque fue rehecho, y el primer tenente conocido es Lope Garcés (1060-83). Sin embargo el castillo ha de ser anterior, así lo estiman distintos estudios que lo consideran activo en la extremadura de Sancho el Mayor.

Una observación detenida indica que la torre e iglesia son obras heterogéneas, producto de dos manos o etapas que Esteban supone entre 1030-40 la primera, donde se alza la torre y cripta del templo; y 1045-55 la segunda, resto de la iglesia y muralla occidental. En efecto, los aparejos son diferentes, pero antes de entrar en ello, para quienes han estudiado la torre ha pasado desapercibido un hecho importante que incide en el asunto de los albañiles.


Descripción:

Los maestros que diseñaron la construcción no planearon una torre hexagonal sino rectangular. Y con cuatro lados se inició, lógicamente por el paño occidental, con la doble finalidad de preparar un piso plano rellenando el declive y de aprovechar este hueco muerto pegado al flanco inferior para acomodar el aljibe sin excavar en la durísima roca del subsuelo.
Cuando llevaban levantados entre 2-3 m de esta pared occidental, y lo mismo en los muros norte y sur que trabados perpendicularmente arrancaban de aquella, algo no cuadró y la planta fue rectificada simplemente engordando los lienzos norte y sur, adosando otra pared sin enjarjar y en diagonal, con ángulo de unos 40°. El solapamiento es claro pues las dos aristas suben muy ¡untas y paralelas hasta 2-3 m de altura, unificándose a partir de allí los paramentos, puesto que el edificio ya había transformado su base rectangular en hexagonal.

El regruesamiento de los muros norte y sur lo hicieron distintos canteros, mientras al norte actuaron los mismos profesionales, ya que el aparejo es igual al precedente, en la esquina suroeste otros albañiles realizaron su trabajo con mediocridad, aunque después el lienzo sigue la pauta de los demás paramentos.
Una vez plasmado sobre el terreno el perímetro rectificado y compuestos suficientemente los lienzos de la parte baja, el equipo profesional se mudó a otro lugar y peones locales terminaron la torre, seguramente los que hicieron la chapuza de la esquina sur. El sillarejo por hiladas de la zona baja se cambió por mampostería pequeña cogida con mucha argamasa y esquinazos con piezas grandes a trechos.
No enfoscaron con argamasa los muros pero era tal la cantidad de pasta utilizada que buena parte de la superficie debió quedar embadurnada, y no olvidaron algo que habían visto hacer a sus instructores en el oficio: marcar las juntas con la punta de la paleta. Así la ruda mampostería de Samitier quedó transformada ficticiamente en sillarejo rectangular alargado y estrecho que era la moda imperante.

En Sobrarbe subsisten juntas repasadas en el recinto y torre de Abizanda, castillo de Los Santos, Boltaña, Troncedo y Torreciudad, así como en edificios románicos más tardíos. Si las vieron trazar lo lógico sería que fuera en Abizanda que estaba al lado, por tanto dataría la torre de Samitier en fechas inmediatas y más tardías al gran castro de Abizanda cuya cronología es incierta, siempre en la primera mitad del s. XI.
Tras las modificaciones de planta, la torre de Samitier es hexagonal irregular, con muros de 0,90 m de grosor y unos 56 m2 de superficie, sólo superada por las salas altas de la torre de Abizanda y Troncedo. Tiene dos pisos, el superior con forjado de madera apoyado en re-tranqueos de los muros largos, entre 15/20 cm, y mechinales en los cortos.

La entrada se instaló en altura, a 4,15 m de suelo, ingresando a la planta baja por el lienzo suroccidental. Se han roto las jambas pero aguanta el arco interior con despiece de medio punto y la caja para desplazar la tranca de cierre en el muro izquierdo. Cinco vanos aspillerados adintelados se reparten así: dos en cada uno de los lienzos largos y uno en el noroccidental. El aljibe se lavó por dentro con argamasa, mide 6,67 x 1,63 m y 2,26 m de altura hasta la bóveda de medio cañón; es parecido al de Aren por capacidad y por emplazamiento recuerda a los de Olsón y Boltaña.
En la planta superior los muros han perdido desarrollo, por tanto solamente queda una ventana de observación con arco de medio punto en el paño suroccidental y otra ventana adintelada al oeste.
De la fortificación sale un muro de 24 m de longitud plantado en tres tramadas que incluye una arrasada torre cuadrada. Al final empalma con la iglesia de los santos Emeterio y Celedonio que completa el recinto fortificado por el sur. Es de tres naves con otros tantos ábsides semicirculares, casi enrasados con el acantilado del este. Interiormente dividen las naves, cubiertas con bóvedas de medio cañón, un par de pilares cruciformes. Para igualar el piso de la nave central y el de la epístola se armaron sendas criptas, la segunda abierta y practicable.

Texto de Adolfo Castán