• municipio:

    Zaragoza

  • Tipo:

    Castillo

  • estado:

    Uso Turístico

  • Cronología:

    IX-XVIII

  • Ubicación:

    Uso Turistico

  • Catalogación:

    BIC

  • Propiedad:

    Público

Fachada Principal del castillo palacio  Torreones entrada  Patio de Armas    Interior Mihrab  Sala de Arcos    Interior  Detalle Arco  Castillo nevado  Panorámica  Puerta  Artesonado  Plano antiguo 1  Plano antiguo 2  Dibujo Teodoro Pérez Bordetas  
Fachada Principal del castillo palacio

Indice de Contenidos
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Historia:

La datación de la fortificación es complicada, inicialmente vinculada a Abd al-Rabmán III, que sitió la ciudad de Zaragoza en dos ocasiones (935 y 937), pero la primera noticia escrita acerca de la Aljafería data del año 1091. Pero todo indica que los restos que se conservan del perímetro murado, excepción hecha de la zona baja de la torre del Trovador, fueron levantados durante la dinastía de los Banu Hud (siglo XI). De igual manera conviene aclarar que los torreones almenados que hoy en día presenta el palacio en su costado oriental, junto con su correspondiente puerta de ingreso, son fruto de la reconstrucción acometida en el presente siglo por Iñiguez Almech, para lo cual se valió tanto de los vestigios arqueológicos que se conservan in situ como de los alzados que Tiburcio Spanochi realizó de la Aljafería en el año 1593.

Fuera de la zona fortificada destaca la delicada belleza ornamental y los logros formales que encierra la etapa taifal del siglo XI. La construcción de este palacio se relaciona el secundo monarca de la dinastía de los Banu Hud, Abu Yafar Ahmad ibn Sulaymán (1046 -1081), de cuyo prenombre, Abü Yafar, viene por evolución fonético-lingüística la denominación con la que hoy se conoce al castillo palacio, así, de Ya'far vino al Yafariyya, luego Aljafaria y, por fin, Jafería o Aljafería, estando ya el último de estos términos popularizado en la segunda mitad del siglo XV. Si bien es verdad que sus contemporáneos, y el propio Ahmad, lo definían con el apelativo de "Qasr al-Surur", o lo que es lo mismo, "Palacio de la alegría", nombre éste muchísimo más acorde con el significado de enclave lúdico y de regocijo que tuvo la Aljafería para los musulmanes.

La historia cristiana de la Aliafería tuvo su punto de partida el día 1 de diciembre de 1118, cuando el rey Alfonso I el batallador, tras siete meses de asedio, tomó la ciudad de Saraqusta a los musulmanes. Desde este momento, el her­moso castillo palacio taifal pasó a pertenecer a los monarcas aragoneses, quienes en los próximos cuatrocientos años imprimieron sobre el un sin­número de reformas, obras de ampliación y de conservación.

La mayoría de estas intervenciones se fueron localizando a lo largo y ancho del conjunto monumental sin que llegaran a constituir una auténtica unidad arquitectónica, con el agravan­te de que algunas de ellas se han perdido con el paso de los siglos. Las hay incluso que han esta­do cerradas durante mucho tiempo a las miradas del visitante, cuando no postergadas a ocupar un puesto secundario durante las primeras campa­ñas de recuperación y restauración del alcázar, y de ahí que el gran público no las haya valorado en su justo término. Si bien debe tenerse en cuenta que el grupo de edificaciones, erigidas bajo el patronazgo real, se pueden considerar como uno de los principales focos de irradiación del arte mudejar aragonés, sin duda, el estilo artístico con mayor personalidad y renombre de Aragón.

Restos que pueden encuadrarse, en su mayor parte, como pertenecientes al reinado de Pedro IV el Ceremonioso (1336-1387), con cuya figura se relacionan las fábricas de las capi­llas de San Martín y de San Jorge, así como las salas del palacio mudéjar que lleva su nombre.

Después de la época plenamente medieval se construyó el espléndido palacio que los Reyes Católicos man­daron levantar en los últimos lustros del siglo XV sobre el ala norte del recinto islámico. Con­figurando así toda tina segunda planta, super­puesta a la primera de época taifal, que vino a patentizar de un modo simbólico a los zaragoza­nos de aquel tiempo la supremacía de los reyes cristianos frente a la fe y el poderío militar de al-Andalus.

Se utilizó una larga nómina de maestros mudéjares, descendientes y herederos culturales de los antiguos musulma­nes, de entre los que cabe resaltar a un tal Faraig de Cali, que sería nombrado por Fernando II en el año 1493 "maestro mayor" a perpetuidad de dicha fábrica, aunque sabemos documental men­te que sus actividades en la Aljafería se remon­taban ya al año 1488, y al que sucederá en los mismos menesteres su hijo Mahoma de Gali. Con ellos prosigue la secular presencia de mano de obra mudéjar en el castillo, donde ya en el siglo XIV había estado trabajando la acreditada familia de los Bellito.

Este palacio, fechado aproximadamente entre los años 1488 y 1495, ha sido clasificado dentro de lo que se ha dado en llamar estilo "Reyes Católicos", por fundirse en él tendencias estéticas de muy variada procedencia: que van desde las pertenecientes al gótico final, pasando por un renacimiento incipiente, hasta aunar los aportes locales del arte mudéjar.